Las mujeres y niñas con discapacidad seguimos viviendo una violencia silenciada e invisibilizada por la sociedad. Casos recientes como el de un joven procesado por la agresión sexual a una chica con discapacidad en Telde (Las Palmas de Gran Canaria) siguen reflejando una realidad invisible, pero urgente, que exige respuestas.
Datos recientes muestran que aproximadamente el 80% de las mujeres con discapacidad en España ha vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Este porcentaje se eleva a tres de cada cuatro mujeres con discapacidad intelectual. En la mayoría de los casos, esta violencia hacía la mujer proviene de círculos cercanos, ya sean familiares, pareja o personas llevan a cabo tareas de atención y cuidados. Esto, muchas veces, complica la denuncia y el acceso a la protección.
Algunas de las razones por las que muchas mujeres con discapacidad no presentan denuncias, además de la dependencia hacia otras personas ya mencionada, están relacionadas con los prejuicios sociales. En muchas ocasiones, las mujeres con discapacidad son consideradas como personas asexuadas y, por ello, la violencia de género que viven queda invisibilizada. A ello se suma la dificultad para solicitar ayuda y protección y, en varios casos, para denunciar cuando se vive en instituciones cerradas como residencias o pisos tutelados. En dichos entornos, detectar la violencia puede ser especialmente complejo por:
- Agresiones ejercidas por los y las propias cuidadoras.
- Ausencia de recursos que permitan pedir ayuda de una forma segura.
- Carencia de un control efectivo.
- Aislamiento, ya que muchas de las mujeres que se encuentran en esta situación tiene contacto nulo con sus familias o círculos cercanos.
En las zonas rurales, esta realidad se intensifica: un 73.5% de las mujeres con discapacidad declara haber vivido algún tipo de violencia. El aislamiento geográfico y la falta de servicios y apoyos adecuados generan un aumento de la vulnerabilidad.
Los datos revelan una realidad alarmante: las mujeres con discapacidad viven violencia en proporciones muy superiores a la media general, enfrentando riesgos agravados en todos los ámbitos. –Físico, sexual, psicológico, económico, estructural, obstétrico, cultural, vicario y digital-. Por ejemplo, el doble de mujeres con discapacidad ha vivido violencia física por parte de su pareja en comparación con las mujeres sin discapacidad, y más del 10%, ha experimentado violencia sexual en algún momento de sus vidas.
El 35.1% ha vivido violencia física y/o sexual tanto dentro como fuera de la pareja, mientras que el 18.5% se ha tenido que enfrentar a violencia económica, el doble que entre la población femenina sin discapacidad. La violencia estructural y cultural también es tenaz: casi el 46% de las mujeres con discapacidad que no comparten tareas del hogar ha experimentado violencia frente al 32.6% de quienes sí las comparten.
Los datos revelan una realidad alarmante: las mujeres con discapacidad viven violencia en proporciones muy superiores a la media general, enfrentando riesgos agravados en todos los ámbitos. –Físico, sexual, psicológico, económico, estructural, obstétrico, cultural, vicario y digital-. Por ejemplo, el doble de mujeres con discapacidad ha vivido violencia física por parte de su pareja en comparación con las mujeres sin discapacidad, y más del 10%, ha experimentado violencia sexual en algún momento de sus vidas.
El 35.1% ha vivido violencia física y/o sexual tanto dentro como fuera de la pareja, mientras que el 18.5% se ha tenido que enfrentar a violencia económica, el doble que entre la población femenina sin discapacidad. La violencia estructural y cultural también es tenaz: casi el 46% de las mujeres con discapacidad que no comparten tareas del hogar ha experimentado violencia frente al 32.6% de quienes sí las comparten.


