Maternidad y discapacidad: romper los prejuicios para ejercer un derecho en igualdad
La maternidad continúa siendo uno de los ámbitos donde con más fuerza operan los mandatos sociales sobre lo que significa ser mujer. Sin embargo, cuando hablamos de mujeres con discapacidad se transforma en cuestionamientos, barreras y prejuicios que determinan el ejercicio de derechos fundamentales como el derecho a decidir sobre el propio cuerpo, la sexualidad o la maternidad.
Aunque en los últimos años se han producido avances importantes en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos de las personas con discapacidad, las mujeres con discapacidad siguen enfrentándose a múltiples formas de discriminación que atraviesan su vida cotidiana y limitan su participación en igualdad de condiciones.
En España, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con discapacidad han sido históricamente vulnerados. No fue hasta 2020 cuando se eliminó del Código Penal la posibilidad de practicar esterilizaciones no consentidas a personas con discapacidad sometidas a medidas de apoyo que implicaban representación, tras años de críticas y recomendaciones de organismos internacionales y de las reivindicaciones del movimiento feminista de la discapacidad. El Comité sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad ya había advertido sobre las elevadas tasas de esterilización forzosa entre mujeres con discapacidad y sobre las dificultades para ejercer el control sobre su propia salud reproductiva. La reforma supuso un avance fundamental en el reconocimiento de los derechos sexuales y reproductivos, pero también pone de manifiesto la vulneración histórica de estos derechos.
Las barreras no son únicamente físicas o materiales. También existe prejuicios profundamente arraigados que siguen asociando la discapacidad con dependencia, incapacidad o ausencia del deseo. Persisten mitos que ponen en duda la capacidad de las mujeres con discapacidad para cuidar, criar o tomar decisiones sobre nuestra propia maternidad.
“No entendía por qué cuestionaban mi derecho a ser madre”
Bianca, agente de igualdad en RedMudis Cádiz y psicóloga, conoce bien esta realidad. RedMudis es una entidad integrada en FAMDISA (Federación de Asociaciones de Mujeres con Discapacidad en Andalucía), una de las ocho entidades confederadas de CEMUDIS.
Bianca siempre había querido ser madre: “yo ya sabía que quería ser madre antes de la discapacidad”. Sin embargo, tras adquirir una discapacidad, un deseo que formaba parte de su proyecto de vida comenzó a ser cuestionado incluso dentro de su propio entorno. Cuando compartió con su familia su decisión de ser madre, recibió el rechazo y comentarios que ponían en duda que fuera una buena decisión.
Lo que más le sorprendió no fue únicamente la falta de apoyo, sino comprobar cómo una decisión profundamente personal para a ser objeto de juicio: “no entendía por qué todo el mundo estaba opinando sobre mi derecho a ser madre cuando a ninguna mujer se le cuestionaba ese derecho”. Entre todos esos comentarios hubo uno que la marcó especialmente: “lo más difícil fue escuchar que yo no iba a ser capaz de cuidar de mi hija”.
La experiencia de Bianca refleja una realidad que muchas mujeres con discapacidad comparten: tener que defender constantemente decisiones íntimas que, en otros casos, nunca son cuestionadas.
Un modelo de maternidad que sigue dejando fuera a muchas mujeres
Esta realidad evidencia la existencia de un modelo normativo que continúa excluyendo otras formas de maternidad y otros proyectos de vida. Basta con observar las representaciones sociales de la maternidad para comprobar que siguen respondiendo a una imagen concreta: mujeres sin discapacidad y dentro de determinados estándares físicos y sociales.
Durante años, las mujeres con discapacidad han sido objeto de estereotipos que han invisibilizado su sexualidad, cuestionado su capacidad para decidir sobre sus vidas y limitando el reconocimiento de sus derechos.
A estos prejuicios se suman barreras materiales que siguen dificultando el ejercicio de una maternidad en igualdad de condiciones. Según el estudio sobre los factores condicionantes de la coordinación sociosanitaria para la autonomía personal de las personas con discapacidad física y orgánica en España, impulsado por COCEMFE, el 80% de las mujeres con discapacidad no reciben con la regularidad e intensidad suficiente los servicios sanitarios y sociales necesarios. Además, el estudio “Salud Sexual y Reproductiva en Mujeres con Discapacidad Intelectual y del Desarrollo”, impulsado por el Instituto de las Mujeres, alerta de que una de cada tres mujeres con discapacidad intelectual y del desarrollo nunca ha acudido a una consulta ginecológica. Estas cifras ponen de manifiesto que las barreras de acceso a la atención sanitaria siguen limitando el ejercicio efectivo de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con discapacidad, y con ello, el derecho a vivir la maternidad en igualdad de condiciones.
La maternidad de las mujeres con discapacidad sigue enfrentándose a mitos profundamente arraigados, como la creencia de que la discapacidad implica dependencia, que las mujeres con discapacidad no podemos cuidar de nuestras hijas o hijos, incluso que la maternidad debe responder únicamente a unos estándares físicos concretos.
Construir la maternidad desde la propia experiencia
Sin embargo, experiencias como la de Bianca desmontan estos prejuicios. Hoy, madre de una niña de 11 años y un niño de 9, reivindica una maternidad vivida desde su propia experiencia y no desde las expectativas ajenas: “he construido mi maternidad a través de mi propia experiencia, no de los prejuicios”.
Para Bianca ser madre, no puede reducirse únicamente a una cuestión física. La maternidad implica cuidados emocionales, acompañamiento y vínculos construidos desde el amor y el compromiso cotidiano. “Ser madre tiene mucha implicación emocional. Es amor incondicional, es anteponer tus hijos a tus necesidades”.
Su experiencia pone sobre la mesa la necesidad de ampliar las formas en las que entendemos la maternidad y de reconocer que no existe un único modelo válido de ser madre.
Un derecho que todavía necesita ser garantizado
En España, los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres con discapacidad han sido históricamente vulnerados. No fue hasta 2020 cuando se eliminó del Código Penal la esterilización forzosa de personas con discapacidad legalmente incapacitadas, una práctica que supuso durante años una grave vulneración de nuestros derechos.
A pesar de los avances legislativos, muchas mujeres con discapacidad seguimos teniendo que justificar decisiones profundamente personales, enfrentándonos a cuestionamientos que no reciben otras mujeres. Garantizar el derecho a la maternidad implica también transformar las estructuras sociales y culturales que continúan limitando nuestra autonomía.
Después de recorrer ese camino, Bianca lanza un mensaje a otras mujeres con discapacidad que desean ser madres. «Si ellas se ven capaces y quieren serlo, que lo hagan. Los límites los ponen los demás, no los pongas tú.»
Desde CEMUDIS seguimos defendiendo el derecho de las mujeres con discapacidad a decidir libremente sobre nuestros proyectos de vida y nuestras maternidades, y reivindicando una sociedad libre de prejuicios y barreras que garantice plenamente nuestros derechos sexuales y reproductivos. Además es importante el trabajo en red entre los servicios sanitarios y sociales con la finalidad de poder acompañar a las mujeres con discapacidad y asesorar de los recursos y apoyos necesarios para poder ejercer su derecho a la maternidad.


