Desde CEMUDIS, la Confederación Estatal de Mujeres con Discapacidad, hemos analizado los datos de la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2024, que supone un avance al incorporar de forma más amplia la variable de discapacidad. En ediciones anteriores, esta realidad no aparecía desagregada o lo hacía de manera muy limitada y testimonial. Gracias al trabajo continuado de incidencia política de los movimientos feministas de la discapacidad, ésta comienza a incorporarse como eje de análisis, aunque todavía de forma parcial y no en todos los indicadores, una limitación que seguimos señalando. En este contexto, los datos evidencian el impacto bidireccional y estructural de la violencia machista: por un lado, la violencia puede contribuir a la aparición de situaciones de discapacidad o al agravamiento de las ya existentes; por otro, las mujeres con discapacidad presentan mayores niveles de exposición y vulnerabilidad ante la violencia.
Uno de los datos más relevantes del estudio muestra que el 14.8% de las mujeres con discapacidad acreditada igual o superior al 33% ha enfrentado violencia física por parte de alguna pareja a lo largo de su vida, frente al 9.7%% de las mujeres sin discapacidad. Esta prevalencia aumenta hasta el 18,2% entre las mujeres con un grado de discapacidad igual o superior al 65%, evidenciando una relación directa entre mayor grado de discapacidad y mayor exposición a la violencia.
La Macroencuesta pone de manifiesto una realidad especialmente preocupante: el 18,1% de las mujeres con discapacidad que han vivido violencia afirma que su situación de discapacidad es consecuencia directa de la violencia vivida. Este dato refleja la necesidad urgente de abordar la violencia machista no solo como una vulneración de derechos, sino también como un factor que impacta de forma profunda y permanente en la salud la calidad de vida y la independencia de las mujeres. Como afirma Marta Valencia, Presidenta de CEMUDIS: “La violencia no solo vulnera derechos, también deja secuelas permanentes y puede convertirse en el origen de situaciones de discapacidad o incluso agravar las discapacidades ya existentes. Las mujeres con discapacidad seguimos siendo las grandes invisibles de la violencia machista”.
La violencia sexual y económica también presentan prevalencias significativamente más elevadas en este grupo. El 11,3% de las mujeres con discapacidad ha vivido violencia sexual por parte de alguna pareja, frente al 8,2% de las mujeres sin discapacidad, mientras que la violencia económica alcanza al 19,2% de las mujeres con un grado de discapacidad igual o superior al 65%, frente al 12,4% de las mujeres sin discapacidad.
Desde CEMUDIS advertimos que estas cifras no son hechos aislados, sino la expresión de desigualdades estructurales atravesadas por múltiples factores de discriminación, como el género, la discapacidad, la pobreza, la ruralidad, la edad, el origen, la institucionalización o la necesidad de apoyos para la vida diaria. La falta de accesibilidad de los recursos, la dependencia económica, la infantilización, los prejuicios capacitistas y las barreras institucionales continúan dificultando la prevención, detección y atención de la violencia en igualdad de condiciones. En este sentido Marta Valencia enfatiza: “no estamos ante casos aislados, sino ante una violencia estructural que impacta directamente sobre la salud, la autonomía y la vida de las mujeres con discapacidad”.
Recordamos que la violencia contra las mujeres con discapacidad permanece en muchos casos invisibilizada, especialmente cuando concurren factores como la ruralidad, la pobreza o la necesidad de apoyos para la vida diaria, lo que limita el acceso efectivo a los sistemas de protección. “Las mujeres con discapacidad enfrentamos más violencia y más barreras para salir de ella, perpetuándose en el tiempo dicha violencia y los efectos y consecuencias que la misma tiene en la salud de las mujeres que la viven” afirma Marta Valencia.
Por todo ello, desde CEMUDIS reclamamos que todas las políticas públicas de prevención, atención y reparación frente a la violencia machista incorporen de forma transversal la perspectiva de discapacidad y accesibilidad universal, garantizando recursos especializados, accesibles y centrados en los derechos humanos.
Resulta imprescindible reforzar la formación específica en género y discapacidad en los ámbitos judicial, sanitario, policial, social y educativo, así como garantizar mecanismos de detección temprana y acompañamiento adaptados a las distintas realidades de las mujeres con discapacidad.
Ante esta realidad, desde CEMUDIS consideramos imprescindible impulsar medidas específicas que garanticen una respuesta accesible, especializada e interseccional frente a la violencia machista hacia las mujeres con discapacidad. Por ello, reivindicamos:
- Reforzar la formación específica en género, discapacidad e interseccionalidad en los ámbitos judicial, sanitario, policial, social y educativo.
- Garantizar mecanismos accesibles de detención temprana, acompañamiento y protección adaptados a las distintas realidades de las mujeres con discapacidad.
- Priorizar la gestión de los fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género para actuaciones impulsadas desde las entidades de mujeres con discapacidad dirigidas a la sensibilización, formación y detención de las distintas formas de la violencia machista.
- Incorporar de manera transversal la perspectiva de discapacidad y la accesibilidad universal en todas las políticas públicas y recursos de prevención, atención y reparación frente a la violencia machista.


